martes, 6 de mayo de 2014

La Habitación De Dios

La Habitación De Dios

"Y que hagan un santuario para mí, para que YO HABITE entre ellos." Éxodo 25:8

 Nahmánides, judío sabio y erudito del siglo 13, denominó el libro de Éxodo como "El Libro de la Redención" porque comienza cuando el pueblo judío está esclavizado en Egipto, detalla su asombrosa liberación, y termina con el establecimiento del Tabernáculo en el desierto. Una vez que Moisés terminó de construir esa admirable estructura, según las instrucciones de Dios, Su gloria la llenó de forma tal que ni Moisés pudo entrar en ella (Éx. 40:34-35). Las Escrituras nos dicen que la nube de Dios cubría el Tabernáculo de día, y Su fuego reposaba sobre éste de noche ante la vista de toda la casa de Israel (versos 36-38). Qué manera tan gloriosa de ilustrar cómo Dios cubría, protegía y guiaba a Su pueblo durante "todas sus jornadas."

El Rey del Universo escogió habitar entre Su pueblo, y Su presencia era algo tanto palpable como visible. De hecho, Éxodo 25:8 nos dice que la razón por la cual Dios los sacó de Egipto fue para poder habitar en medio de ellos. No podría haber una señal más clara a los israelitas de la incomprensible gracia y misericordia de Dios que Su constante presencia en medio de ellos. Sin embargo, igualmente claro era Su intachable santidad. Aún Moisés, quien estuvo íntimamente involucrado en cada aspecto de la elaboración del Tabernáculo, tuvo que permanecer fuera de la tienda de reunión en ese momento inicial.

Centro Sagrado de Adoración

La palabra hebrea de Mishkán se traduce al español como "Tabernáculo," y significa "tienda o lugar de habitación." Esa estructura debió ser extraordinaria, completamente plegable y portátil, conteniendo toneladas de oro, plata y bronce, además de la tela más fina fabricada durante esos tiempos. Era un lugar solemnemente sagrado, pero a la vez tremendamente alegre, en que Dios se reunía con Su pueblo. Era el centro de adoración y sacrificio para todo el campamento de Israel, y servía también como una enorme señal de tránsito que indicaba al pueblo cuándo detenerse y cuándo seguir caminando. Era un verdadero espectáculo, sirviendo como herramienta educativa para describir el tipo de relación que Dios quería establecer con Su pueblo desde el principio de los tiempos.

 Su mandato a Adán fue de "multiplicarse," a Noé fue de "construir el arca," y a Abraham fue de "irse de su casa a una tierra que le mostraría" (Génesis 12:1). Su relación con Israel constaría de una dinámica interacción, una continua y poderosa dramatización repleta de acción entre Dios y Sus hijos escogidos. Nunca les pidió que se separaran físicamente del mundo para contemplar Su creación, ni que aceptaran Sus mandamientos sólo de boca. Dios les quería dirigir, y quería que Su pueblo le siguiera. Los redimiría con poderosa mano y brazo extendido. Les revelaría grandes cosas y manifestaría Su poder en su defensa. ¡Su pueblo sería una gran nación, serían Sus agentes para alumbrar a las demás naciones, y sería un pueblo siempre activo! Les movería a hacer grandes proezas, les daría poder para hacer cosas milagrosas, les dirigiría en la batalla, y garantizaría su victoria. La totalidad de su relación podría resumirse en una sola palabra: ¡acción!

 Dios sabía que para que Su pueblo pudiera perseverar, era esencial que experimentara Su presencia en forma visual. Su breve encuentro con Dios en el Monte Sinaí comprobó eso. Luego de pasados 40 días sin ver ni escuchar a Moisés o al Señor, el pueblo regresó a la anterior religión egipcia con una alarmante facilidad, y crearon un dios que pudiesen ver, uno cuya presencia entre ellos era palpable y visible (Éxodo 32:1). Ahora, el Tabernáculo, el glorioso lugar para la habitación de la Shekiná (la presencia manifiesta de Dios en forma de nube), serviría de ayuda visual, un constante recordatorio de la presencia del Señor en medio de Su pueblo.


Según la tradición judía, la consagración del Tabernáculo representaba de sanidad de su quebrada relación a consecuencia de la tragedia del becerro de oro. Nahmánides escribió que el sublime secreto del Tabernáculo era que la presencia de Dios, que había cubierto el Monte Sinaí, ahora sería presenciada de forma permanente en medio del campamento. Eso fue visto como una señal de benevolencia. Dios los había perdonado por su rebelde acto de idolatría. Él estaría con Su pueblo, y ellos estarían con Él.

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